Muchos escritores aconsejan- de buena voluntad- a sus lectores (y también a escritores), una manera de enfrentar la escritura y su respectiva comprensión. Esto, sin duda alguna, siempre va acompañada de la experiencia que se adquiere con los años. Pero existe una nota que no se apoya, comúnmente, de esta experiencia: la imaginación.
Últimamente, me he dedicado a escribir versos sencillos, no más de dos, que manifiestan este recurso intrínseco del ser humano, así como los sueños. Lo imaginable va perdiendo fuerza frente a diversas actividades externas del artista, como lo son: el éxito, la competencia, el egoísmo; que en nada contribuyen al funcionamiento natural de la escritura, pues lo único que se pierde es el origen infantil de las cosas sencillas.
La estética puede ser muy importante en el transcurso de la obra, pero siempre como producto final. Recuerden un hecho fantástico ¿tienen estética? Y cuando tratan de comunicarlo ¿qué ocurre?
La magia es un subconjunto de la imaginación: se improvisa con el asombro. Para escribir un verso, se deben atraer, continuamente en nuestro cerebro, la magia con la fantasía, pero siempre paralelamente; si llegasen a tocarse alguna vez, nunca lograríamos un final estético.
Volviendo al concepto de imaginación ¡no la confundamos con creatividad! Ésta última es finita y tangible en el tiempo, es decir, algo que no existía se vuelve creación, y eso ya la hace reemplazable o perecedera. La imaginación, en cambio, no tiene tiempo ni espacio.
Un tema muy relacionado con esto es la locura. Hay algunos escritores que asumen esta virtud forzosamente, pero fracasan. Nunca logran imaginarse la realidad, por ejemplo, y eso ya es un hecho deplorable.
Un escritor debe ser realmente loco, pero también locamente cuerdo.
Toda esta introducción, ha sido para motivar a los lectores en el arte poética. Escribir un verso es sencillo. Sólo uno. El resto de los versos, a veces, puede ser innecesario.
Últimamente, me he dedicado a escribir versos sencillos, no más de dos, que manifiestan este recurso intrínseco del ser humano, así como los sueños. Lo imaginable va perdiendo fuerza frente a diversas actividades externas del artista, como lo son: el éxito, la competencia, el egoísmo; que en nada contribuyen al funcionamiento natural de la escritura, pues lo único que se pierde es el origen infantil de las cosas sencillas.
La estética puede ser muy importante en el transcurso de la obra, pero siempre como producto final. Recuerden un hecho fantástico ¿tienen estética? Y cuando tratan de comunicarlo ¿qué ocurre?
La magia es un subconjunto de la imaginación: se improvisa con el asombro. Para escribir un verso, se deben atraer, continuamente en nuestro cerebro, la magia con la fantasía, pero siempre paralelamente; si llegasen a tocarse alguna vez, nunca lograríamos un final estético.
Volviendo al concepto de imaginación ¡no la confundamos con creatividad! Ésta última es finita y tangible en el tiempo, es decir, algo que no existía se vuelve creación, y eso ya la hace reemplazable o perecedera. La imaginación, en cambio, no tiene tiempo ni espacio.
Un tema muy relacionado con esto es la locura. Hay algunos escritores que asumen esta virtud forzosamente, pero fracasan. Nunca logran imaginarse la realidad, por ejemplo, y eso ya es un hecho deplorable.
Un escritor debe ser realmente loco, pero también locamente cuerdo.
Toda esta introducción, ha sido para motivar a los lectores en el arte poética. Escribir un verso es sencillo. Sólo uno. El resto de los versos, a veces, puede ser innecesario.

