viernes, 14 de diciembre de 2007

Vincent Van Gogh
























La muerte es un campo abandonado, cubierto de árboles misteriosos y cuervos extranjeros.
Siempre me ha llamado la atención algunos retratos que se hacen de la muerte, como los que alguna vez hiciera patente Dante; es llamativo imaginarlos bajo una concepción de alegría, pero quizás sea así realmente. No importa. La muerte siempre es segura. Y nunca hace diferencias de clase, raza, ni mucho menos de religión. Ella es justa, y para todos. Es una viejecilla encantadora que no se preocupa de los años que pasan repentinamente, porque ella, no importando la situación de los relojes, tiene fija la puntualidad y cada uno de los nombres que lleva a su casa.
La muerte nunca es siniestra, hasta que nos llama por teléfono...

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